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lunes, 9 de septiembre de 2013
MARIANO EN RUEDA DE PRENSA
Tras la lógica decepción por el fracaso olímpico, el presidente del gobierno, Don Mariano Rajoy, ha convocado una breve rueda de prensa en la que ha pronunciado unas serenas y reflexivas palabras que a buen seguro, darán la vuelta al mundo...
NOTA: Lo siento... pero no me he podido resistir.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
TELEDIARIO
¡Buenos días! Hoy abrimos nuestro telediario con dos buenas noticias... durante el pasado mes de agosto el paro ha descendido en 31 nuevos asesores.Evidentemente no es una cifra significativa, pero sí rompe la tendencia negativa e insufla al nuevo curso político un tono mucho más optimista, un halo de esperanza que ni siquiera las casi 100.000 bajas de cotizantes a la seguridad social puede ensombrecer.
El pleno empleo ya no es una quimera, pues si las nuevas contrataciones por mes continúan aumentando a este ritmo, apenas se necesitaran 16. 129 años para lograr el objetivo del gobierno.
La segunda buena noticia es que todos ustedes continúan siendo tan imbéciles y cobardes como siempre... al menos eso se deduce cuando en un telediario como este... en una cadena pública financiada con sus impuestos, es posible (sin que nos apedreen desde la calle) ofrecerles un absurdo gráfico según el cuál... 4 es la décima parte de 5.
Hay algo que cada vez parece más claro... ustedes, los que protestan pero consienten, necesitan de buenas noticias... y nosotros se las vamos a dar.
Mientras tanto...
Portense bien y sean felices.
sábado, 6 de julio de 2013
EL INFIERNO
Yo no creo en ese infierno de calderos hirvientes y lenguas de fuego... yo hace tiempo que pienso que el infierno debe de ser como un gran mercado, uno donde todo se vende y se compra, donde nada es tuyo... ni tú mismo. En ese horrible lugar nada te pertenece, nada está a salvo y todo, absolutamente todo, depende de una oferta, de una promoción, de las últimas rebajas y ese anuncio que ofrece tu alma de regalo al comprar el nuevo blanqueador dental.
Creo en un infierno poblado de seres vacíos de puro débiles, un infierno helado donde no hay nada más caliente que la sangre congelada por la avaricia... un lugar oscuro tan solo iluminado por anuncios de neón promocionando cosas sin valor... nuestras lágrimas, nuestro amor, nuestros sueños... eso que antes hacía hombres a los hombres.
Creo en un infierno que no es uno... sino que es muchos... esos pequeños y grandes, breves y eternos infiernos a los que cada uno de nosotros se condena cada día... por un mes más de trabajo... por una semana más de compañía.
Y creo más... creo que ese infierno no ha de llegar... y no ha de llegar por una sencilla razón, porque vivimos en él.
Raquel Sánchez Silva es una popular presentadora de televisión (de TV-infierno) que recientemente sufrió la muerte de su marido. Se habló de suicidio, de lo inesperado del caso, de ese condimento tan del gusto de la enfermiza audiencia. Pocos días después, tras los consabidos reportajes acerca de las circunstancias del fallecimiento, tras las habituales y morbosas imágenes de la compungida esposa llegó la prueba... esa que solo algunos necesitan, la que demuestra que pisamos el mismo centro del averno... en su pasillo central... donde solo se sirven las mejores ofertas.

"Yo tenía el compromiso profesional antes de lo ocurrido pero lo he dudado. Tengo días muy buenos, otros no tan buenos. Pero me ha podido una cosa. Siempre, durante toda mi vida, y especialmente durante mi vida profesional, he pedido y exigido a la gente que quiero y a la que trabaja conmigo valentía, valor y superación de los miedos. Hoy, Sony me ha dado la oportunidad, no solamente de nadar con tiburones, sino de enfrentarme a otros muchos miedos con los que ahora convivo. Hay tiburones fuera de los acuarios que son mucho más peligrosos."
Cierto Raquel, seguro que los tiburones supieron reconocerte nada más entrar en el agua y huyeron despavoridos ante una depredadora de tu raza... ellos solo comen cuando tienen hambre, lo tuyo es otra cosa, lo tuyo es comerte a ti misma... y sin pizca de apetito... solo por un mísero punto de audiencia.
Se te puede morir un ser querido... pero si es con un SONY XPERIA Z se te muere un poco menos... y menos aún si Ana Rosa Quintana anda cerca.
lunes, 3 de junio de 2013
LO QUE QUEREMOS... LO QUE NECESITAMOS
Decía no hace mucho Juan Luís Cebrían (mientras firmaba el finiquito de Maruja Torres) que ahora es cuando más escasea y más se necesita al "periodista combativo", que ya no es necesario bajar a la redacción para controlar a los osados, para contener esa pluma que rebasa los límites de lo legal... ni siquiera de lo conveniente. Añadía además, que hoy (y si es que el paseo es necesario) ha de visitarse la sala de galeotes para que el timbal acelere su ritmo, para que el espíritu crítico no desfallezca del todo, para mantener al menos, la apariencia de seguir respirando.
Propongo una encuesta entre aquellos esforzados remeros... presiento que el resultado sería esclarecedor. Ninguno reconocería su penar, todos se sentirían dichosos de haber encontrado en el medio que hoy le paga el añorado remanso de libertad, todos presumirían de independencia que su capataz le tolera, todos jurarían no haber conocido nunca esa mordaza que tanto padecen los de la acera de enfrente, asegurarían ser respetados en su trabajo, negarían sus propias cadenas.... y lo más curioso es que no mentirían, porque a fuerza de querer creerlo, de tamaña farsa han hecho su verdad.
He maldecido al periodismo en general muchas veces, lo he señalado por mentiroso, por complaciente, por traidor a ese sagrado deber de arrancarle jirones a la verdad, y colgarlos en el centro de la plaza. He cometido el grave error de calificar como malvado al que simplemente está preso, preso en una cárcel sin muros, preso y cocido en su propia salsa.
Alguien me dirá que soy injusto mezclando a unos con otros... que Federico Jimenez Losantos no es igual que el Gran Wyoming. Yo solo pregunto:
¿Cuanto han profundizado uno y otro en el casual accidente que el gran tesorero del PP (Álvaro Lapuerta) ha sufrido tras ser llamado a declarar ante la justicia y haber sido amenazado de muerte? Nadie parece siquiera extrañado por un suceso realmente curioso... Álvaro Lapuerta, "El Chato de Cameros", el ex-boxeador, el que fuera tesorero del Partido Popular durante los quince años anteriores a Bárcenas y posteriores a Naseiro, el gran maestre de las mazmorras financieras en la era más "constructiva" y más "edificante" de este país... ese cuya firma figura en el margen de los papeles más famosos de este siglo... ese que hace muy poco interponía sendas denuncias ante la policía por haber sido amenazado de muerte tras unas explosivas declaraciones a la prensa en las que señalaba la cima de la Comunidad de Madrid... sí ese mismo... Álvaro Lapuerta, ese que acaba de ser dado de alta tras pasar semanas en una UCI para poder sobrevivir a múltiples hematomas subdurales, varias hemorragias intracraneales, numerosas contusiones cerebrales y una elevada hipertensión intracraneal.
¿Cuántas veces han aparecido en sus respectivos programas las recientes acusaciones del secretario del Sindicato Unificado de Policía a Aznar y Rajoy sobre una supuesta venta de explosivos a ETA?
Esos que nos hablan por la pantalla... desde las más altas tribunas o apoyados en la barra de un bar, esos que bien se ocupan de mantener ese aspecto elegante o descuidado por el que les identificamos, no son lo que parecen, y esa es su verdadera razón de ser. Simplemente nos cuentan lo que queremos oír... pero solo una parte de lo que necesitamos saber. Esos son el enemigo.
Iconos de la información cuyo prestigio (entre sus respectivos clientes) es constante y ya no obedece a modas... personificaciones de una determinada tendencia política que han llegado a convertirse en un activo más de sus respectivas cadenas... valores absolutos fuera de los cuales nada merece mayor crédito... Noam Chomski los llama "dispositivos de filtración"... Michel Focault los denomina "policías del discurso"... figuras reconocibles e imprescindibles, diseñados para recoger diferentes corrientes de opinión que siendo formalmente distintas, terminan por ser recortadas en los mismos puntos y almacenadas en un mismo cajón. Y su función no acaba ahí... también sirven para marcar y segregar a todo aquél que no acepte ninguna de las dos corrientes... porque si no crees en Federico y no crees en Wyoming... si no crees en el PPOE ni en IU... si no crees en el nacionalismo español ni en el catalán... si no crees en Jordi Evolé, ni en Ana Pastor, ni en Sabater, ni en Teresa Campos... ¿en que demonios crees? ¿en nada? ¿y que se puede esperar de una persona que no cree en nada?
Pero sí hay vida más allá... creo (y no siempre) en los que piensan y opinan sin miedo a incomodarme, sin contrato y sin nómina, sin focos en la cara, sin partido ni partidarios, sin estatus y sin estrado, sin modales ni guión... creo en los que se arriesgan a quedarse solos, en los que no quieren ser queridos, en los que comienzan torcidos y acaban mal, en los que juzgan a costa de ser juzgados, en los que no pueden esperar a que yo acabe, en los perdedores, en los que me levantan del asiento... creo en los feos, en los sordos y en los tuertos (no tanto en los cojos)... y en los locos, en los verdaderos... en esos siempre creo.
¿Cómo no creer en aquellos a los que ningún gran medio incorpora, cómo dudar de las Ada Colau, de los Vinceç Navarro, de los Josep Fontana, de los Carlos Taibo, de los Julio Anguita, de los Slavoj Zizek, de los Jesús Gómez Gutiérrez, de los Mayor Zaragoza, de los Arcadi Oliveres, de los Felipe López Aranguren, y de tantos otros?
Inconsciente servilismo del periodismo hacia los amos de todo... de eso hablo... pero esto es distinto... esto no es un caso de simple inconsciencia... esto es pura simple iniquidad... iniquidad y ridículo, casi a partes iguales.
Es la Sexta, ese canal de televisión que para muchos viene a representar esa ventana abierta cuando todo parece cerrado... la última frontera entre la información libre y la manipulación... algo parecido a lo que hace años se decía de El País... la misma ilusión... idéntico fraude. Es la Sexta, uno de los más peligrosos mecanismos de manipulación de masas, esa amable apariencia ante la que bajamos las defensas, los responsables de la filtración final, esa a la que no llegan La Razón, Intereconomía, y las fuentes de información más reaccionarias.
Aquí dejo la prueba material de la gran farsa que hoy llamamos información... tensa voz en off... música más propia de un thriller... hombres, mujeres, sudor, sol, pimientos, y todo convertido en un oscuro crimen.
He maldecido al periodismo en general muchas veces, lo he señalado por mentiroso, por complaciente, por traidor a ese sagrado deber de arrancarle jirones a la verdad, y colgarlos en el centro de la plaza. He cometido el grave error de calificar como malvado al que simplemente está preso, preso en una cárcel sin muros, preso y cocido en su propia salsa.
Alguien me dirá que soy injusto mezclando a unos con otros... que Federico Jimenez Losantos no es igual que el Gran Wyoming. Yo solo pregunto:
¿Cuanto han profundizado uno y otro en el casual accidente que el gran tesorero del PP (Álvaro Lapuerta) ha sufrido tras ser llamado a declarar ante la justicia y haber sido amenazado de muerte? Nadie parece siquiera extrañado por un suceso realmente curioso... Álvaro Lapuerta, "El Chato de Cameros", el ex-boxeador, el que fuera tesorero del Partido Popular durante los quince años anteriores a Bárcenas y posteriores a Naseiro, el gran maestre de las mazmorras financieras en la era más "constructiva" y más "edificante" de este país... ese cuya firma figura en el margen de los papeles más famosos de este siglo... ese que hace muy poco interponía sendas denuncias ante la policía por haber sido amenazado de muerte tras unas explosivas declaraciones a la prensa en las que señalaba la cima de la Comunidad de Madrid... sí ese mismo... Álvaro Lapuerta, ese que acaba de ser dado de alta tras pasar semanas en una UCI para poder sobrevivir a múltiples hematomas subdurales, varias hemorragias intracraneales, numerosas contusiones cerebrales y una elevada hipertensión intracraneal.
Esos que nos hablan por la pantalla... desde las más altas tribunas o apoyados en la barra de un bar, esos que bien se ocupan de mantener ese aspecto elegante o descuidado por el que les identificamos, no son lo que parecen, y esa es su verdadera razón de ser. Simplemente nos cuentan lo que queremos oír... pero solo una parte de lo que necesitamos saber. Esos son el enemigo.
Iconos de la información cuyo prestigio (entre sus respectivos clientes) es constante y ya no obedece a modas... personificaciones de una determinada tendencia política que han llegado a convertirse en un activo más de sus respectivas cadenas... valores absolutos fuera de los cuales nada merece mayor crédito... Noam Chomski los llama "dispositivos de filtración"... Michel Focault los denomina "policías del discurso"... figuras reconocibles e imprescindibles, diseñados para recoger diferentes corrientes de opinión que siendo formalmente distintas, terminan por ser recortadas en los mismos puntos y almacenadas en un mismo cajón. Y su función no acaba ahí... también sirven para marcar y segregar a todo aquél que no acepte ninguna de las dos corrientes... porque si no crees en Federico y no crees en Wyoming... si no crees en el PPOE ni en IU... si no crees en el nacionalismo español ni en el catalán... si no crees en Jordi Evolé, ni en Ana Pastor, ni en Sabater, ni en Teresa Campos... ¿en que demonios crees? ¿en nada? ¿y que se puede esperar de una persona que no cree en nada?
Pero sí hay vida más allá... creo (y no siempre) en los que piensan y opinan sin miedo a incomodarme, sin contrato y sin nómina, sin focos en la cara, sin partido ni partidarios, sin estatus y sin estrado, sin modales ni guión... creo en los que se arriesgan a quedarse solos, en los que no quieren ser queridos, en los que comienzan torcidos y acaban mal, en los que juzgan a costa de ser juzgados, en los que no pueden esperar a que yo acabe, en los perdedores, en los que me levantan del asiento... creo en los feos, en los sordos y en los tuertos (no tanto en los cojos)... y en los locos, en los verdaderos... en esos siempre creo.
¿Cómo no creer en aquellos a los que ningún gran medio incorpora, cómo dudar de las Ada Colau, de los Vinceç Navarro, de los Josep Fontana, de los Carlos Taibo, de los Julio Anguita, de los Slavoj Zizek, de los Jesús Gómez Gutiérrez, de los Mayor Zaragoza, de los Arcadi Oliveres, de los Felipe López Aranguren, y de tantos otros?
Inconsciente servilismo del periodismo hacia los amos de todo... de eso hablo... pero esto es distinto... esto no es un caso de simple inconsciencia... esto es pura simple iniquidad... iniquidad y ridículo, casi a partes iguales.
Es la Sexta, ese canal de televisión que para muchos viene a representar esa ventana abierta cuando todo parece cerrado... la última frontera entre la información libre y la manipulación... algo parecido a lo que hace años se decía de El País... la misma ilusión... idéntico fraude. Es la Sexta, uno de los más peligrosos mecanismos de manipulación de masas, esa amable apariencia ante la que bajamos las defensas, los responsables de la filtración final, esa a la que no llegan La Razón, Intereconomía, y las fuentes de información más reaccionarias.
Aquí dejo la prueba material de la gran farsa que hoy llamamos información... tensa voz en off... música más propia de un thriller... hombres, mujeres, sudor, sol, pimientos, y todo convertido en un oscuro crimen.
El domingo, Jordi Evolé dando voz a Sánchez Gordillo y su forma de entender la política... y el viernes, en la mesa de al lado, Manuel Marlasca y su zafio intento de convertir Marinaleda en el Chicago de los años treinta. Dos formas de generar diferentes corrientes de opinión... un modo de almacenarlas todas en un solo cajón, en un único baremo de audiencia... la mejor manera de encerrarnos en la misma jaula... en esa donde todo el mundo es libre.
No hay peor prisión que aquella en la que no hay barrotes que romper... no hay peor ciego que aquél que cree ver... ni mayor ignorante que el que recurre por sistema a las frases hechas.
No hay peor prisión que aquella en la que no hay barrotes que romper... no hay peor ciego que aquél que cree ver... ni mayor ignorante que el que recurre por sistema a las frases hechas.
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