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viernes, 28 de octubre de 2011

¡SENTID, MALDITOS, SENTID!

¡Porque me sale de los huevos! ¿Ha quedado claro?
Porque estoy harto de tanto artista escayolado y de tanto petimetre farsante incapaz de sangrar mientras canta.
Porque para el que no lo sepa, yo soy Satanás. Sí, ese mismo. Y por lo tanto, exijo lo que es mío, exijo el alma del que canta del que baila, del que pinta, del que escribe, de todo aquél que se atreva a bailar, pintar, o escribir ante los demás.

Que un mal rayo parta a esa legión de artistas de medio pelo que me hablan con la boca pequeña y desde el fondo de un jodido pulmón de acero.

¡Sentid, malditos, sentid!

Yo maldigo a todo aquél que no me de al menos un buen pedazo de su vida mientras canta, un pedazo lo suficientemente grande como para estar seguro de que con un par de bocados más le dejaría sin nada.

Sólo los seres rotos son capaces de cumplir con su parte, por eso los prefiero, porque los que tienen abiertas las heridas sangran como nadie.




Aprovecho el incendio para hablaros de Scott Dunbar, un tipo que anda por ahí con una cadena atada al tobillo. Un sin techo que cada vez que canta levanta un castillo.
Le veo y pienso en esos héroes de película que, mientras los malos no miran, consiguen liberarse de los grilletes. Esos que simulan seguir cautivos mientras les observan, pero que al menor despiste, escapan sin ser vistos.
Lo malo... y lo bueno, es que un trozo de cadena queda para siempre en el tobillo. Es su talismán, el objeto mágico que les permite atravesar paredes, entrar justo antes del recuento y a continuación salir por entre los barrotes para volver a ser libre.




Imagen: opieradio
Imagen: kiwicreationaddict

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