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lunes, 21 de enero de 2013

VENCEDORES Y VENCIDOS



Algún día tendremos que hacerlo...

Nos sentaremos a la mesa con nuestros nietos, y en ese momento que nunca es el apropiado, llegará la pregunta... una de las malas... de las que sí sabemos que tienen respuesta.

"¿Cómo pudisteis consentir aquello?"

Y bajaremos los ojos, y buscaremos la manera de hacer que no hemos oído bien... haremos cualquier cosa por no contestar... por no contestarnos.

Recuerdo al juez Haybood (Spencer Tracy), un hombre que quiere comprender antes de juzgar, apoyando los codos sobre un mantel frente a dos buenas personas que vivieron el horror nazi en la Alemania del siglo pasado... le veo preguntarles eso mismo... sin rencor, sin reproche alguno, pero con firmeza... "¿cómo pudisteis dejar que aquello ocurriera?"


 (Judgment at Nuremberg, Stanley Kramer, 1961)





Nosotros... todos nosotros, hoy somos ellos.

Mañana nos revolveremos en el asiento, y soportando la mirada de quien aún nos tiene por honestos, apretaremos los puños bajo la mesa en busca de una razón que no suene demasiado a cobardía, una razón que nos aleje de los monstruos y nos permita al menos, seguir pareciendo seres humanos.

Lo que está ocurriendo en España rebasa con creces la crisis económica, la supera con mucho, hasta transformar los recortes sociales... en crímenes sociales. Crímenes que a fuerza de repetirse, se han convertido en parte de nuestra vida, en eso que ya ni es noticia, en ese ruido de fondo que empieza a resultar molesto.

Ya no valen trampantojos... todo empieza a ser terriblemente simple... tan simple como una guerra... una cuestión de vencedores y vencidos.

El copago de ciertos medicamentos ya obliga a miles de enfermos crónicos a abandonar sus tratamientos... el plazo medio de espera para una simple ecografía llega ya a los seis meses. Lo que arrastrará el simple hecho de que un ambulatorio rural cierre sus puertas y obligue a desplazar a un enfermo hasta un centro de salud a más de una hora de camino... no solo será dinero... serán personas, muertos que no volverán a la vida cuando toda esta locura acabe... cuando nos felicitemos por lo conseguido.


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Hoy he recibido el mensaje de alguien que trabaja en un hospital público, lo he leído varias veces y todas han sido mucho peor que la anterior... y en cada una me he preguntado lo mismo... "¿Hasta cuando voy a consentir lo que está ocurriendo?"


" Ayer estuve de guardia en mi hospital público. Por la tarde me llama la residente de puerta para que vaya a valorar a una paciente que acababa de llegar. Me encuentro a una mujer de 45 años con mal aspecto, dolor abdominal, muy delgada...

Tras la exploración y la ecografía le diagnostico un casi seguro cáncer de ovario avanzado. Hay que hacerle todas las pruebas urgentes, así que le doy los volantes para que la citen y sea vista hoy mismo en la consulta de oncología ginecológica, como hacemos siempre.

Se me olvidada contaros un pequeño detalle: la mujer se llama Irina y es rumana. Perdió su trabajo hace un año y con él, hace poco su tarjeta sanitaria. Ese detalle no lo tuve en cuenta ayer hasta que me avisaron de la Admisión de pacientes para decirme que no la pueden dar cita para ninguna prueba ni consulta ya que no tiene tarjeta sanitaria.

Irina no podrá ser operada en ningún hospital público español y si no me he equivocado en el diagnóstico, morirá sin atención médica en menos de un año.
... Infinita la impotencia, infinita la rabia. No puedo olvidarme de su mirada al intentar explicarle lo inexplicable.

Me niego a mirar para otro sitio cuando sucede una monstruosidad como esta.

ME NIEGO A CALLAR.

Goyi"

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